El jugador

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He visto escribir el apellido de este escritor al menos de tres formas distintas. Dostoievski. Dostoyevsky y Dostoyevski. Y eso que yo recuerde. Con este autor ya tenemos problemas desde el nombre. No puedo imaginar lo que ha de ser para un profesor abordar la literatura desde ciertos ángulos.
A mí siempre me ganaron los crápulas. O no los crápulas, sino los crápulas que luego además eran capaces de hacer algo extraordinario, algo sólo al alcance de unos pocos. Dostoyevski (esta es mi opción) lo era. Quien no sepa de qué va esto en absoluto, o a quien no le interese en definitiva, debe imaginarse a un escritor ruso como algo de ciento veinte kilos, cubierto de pelo, encerrado en una habitación, y leyendo y escribiendo sin parar.
Pero lo cierto es que el autor que nos ocupa era cualquier cosa menos un ratón de biblioteca. Hace no tanto, leí un artículo muy largo de David Foster Wallace sobre cierto autor o historiador que había escrito varios tomos sobre Dostoyevski, vida y obra. Hay autores sobre los que ya escriben artículos sobre libros que hablan de sus libros.

Lo primero que leí de quien nos ocupa fue Los hermanos Karamazov. Quedé pasmado, no porque me gustara, que no era tan raro, sino porque además la narrativa era fluida. Temáticamente densa, pero nada abstrusa de abordar.
El jugador es el tercer libro que leo de él, el segundo fue Humillados y ofendidos. Y a estas alturas, creo que no debe existir algo así como una obra mediocre de Dostoyevski.

Según he leído, además tuvo que escribir la novela en un tiempo récord de tres semanas, y con la ayuda de una taquígrafa. Estaba arruinado, tenía la familia de su hermano recién fallecido a su cargo. Por obligaciones contractuales se vio obligado a escribir El jugador por las tardes, y Crimen y castigo por las mañanas…
Eso, al menos, es lo que dicen todas las fuentes, incluido el prólogo de mi ejemplar.

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El jugador es una novela corta. Y teniendo en cuenta el poco tiempo que había para escribirla, tenía sentido que su tema fuese el juego, la ludopatía más salvaje. Algo que marcó la vida del autor.
Curiosamente (o no), aunque el narrador se podría presumir un trasunto del autor, la obra se vuelca especialmente en otro, al que no describiré para no destripar. Esto va, como siempre cuando hablamos de este autor, del conocimiento del alma humana. Observación y reflejo. Pero de una forma al alcance de muy pocos, porque no solo se trata de Ver, sino de saber contar qué has visto, obviamente. Estas cosas que suenan tan simples, son las más difíciles de todas, cuando como escritor no puedes recurrir a efectismos, cuando no hay lugares comunes de género.
Podría haber quien dijera que esto es una obra menor, teniendo en cuenta de quién hablamos. Yo sólo diría que es más corta que otras, por razones meramente circunstanciales. La prosa sigue brillando, y quien tenga la costumbre de subrayar o marcar el texto, no va a poder hacer pausas fácilmente.

El jugador es una historia que, de una forma u otra, ya hemos visto mil veces. Otra vez el Cómo es la clave. Aunque sepas que es mejor no jugar a la ruleta, si no has leído este libro no sabes lo que era para Dostoyevski. Hoy eso es, en cierto modo, la única razón para leerlo, y la única que hace falta.

Feodor Dostoyevsky
Party time
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