Noches de tormenta

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Conocía a Nicholas Sparks de la misma forma que lo conoce mucha gente: no había leído nada de él, pero había visto películas. Películas que se suelen enmarcar en la distancia irónica de muchos espectadores, que hablan del placer culpable que supone disfrutarlas. Al final, sin embargo, el placer es placer, y adjetivarlo es más bien una forma de intentar parecer más listo o exquisito. Es cierto, aun así, que al ver ciertas películas, eres consciente a la vez del trazo grueso y de que te han atrapado.
Tenía ganas de leer a Sparks, porque he disfrutado algunas de las películas que le han adaptado, y porque, aun habiéndose hecho de oro, parece haberlo hecho a su manera, sin unirse a corrientes de de actualidad, sólo escribiendo novelas románticas que no acababan de ser catalogadas explícitamente como novela rosa. No verás en ninguna portada de uno de sus libros a un tipo cachas mirando desde las nubes a una mujer suplicante abrazada a sus tobillos. Te guste más o te guste menos, Sparks se reserva una dosis de dignidad.

Me alegré de haber topado con este Noches de tormenta, ya que no solo tenía en mente leer a Sparks, sino que prefería hacerlo con un libro del que no hubiese visto la adaptación. Quería comprobar cuál es el “toque Sparks”, por decirlo así, qué tiene su prosa que ha conseguido el visto bueno en tantos despachos y ha convencido a tanto público.

Da la sensación de que el autor logra condensar todo lo que el imaginario más popular (y básico, en cierta manera), considera romántico o bonito.
La prosa es fácil, fluida y tiene la dosis necesaria de magnetismo. Este libro en concreto no llega a las doscientas páginas, con lo que en dos o tres tacadas puedes terminarlo. Quizá en ese sentido no sea muy representativo, ya que a juzgar por ciertas películas Sparks, imagino que tiene novelas más complejas en cuanto a estructura narrativa y número de personajes. Noches de tormenta es casi un relato corto que gira en torno a un hombre y una mujer, ambos divorciados, que se quedan solos en una especie de hotel rural frente a la playa. Ella se encarga del hotel por un tiempo, él es su único cliente durante un fin de semana.
Puede parecer que el autor se lo hace venir bien (incluso demasiado bien) para sentar las bases de la historia de amor, pero lo cierto es que, aun siendo así en gran medida, los personajes están bien construidos; sabes de dónde vienen, cuál es su crisis, y qué buscan o anhelan. Sabes cómo han acabado allí, cómo se han encontrado. Les entiendes y empatizas.

La prosa de Sparks, paradójicamente, parece más solida y menos obvia cuando desarrolla entornos y circunstancias ajenas a la historia de amor central, que cuando se sumerge en ella. Entonces es cuando se vuelve más tópico en el lenguaje, es entonces cuando más recurre a lugares comunes narrativos. De ahí que antes dejara caer que, de algún modo, su forma de condensar la idea que tiene mucha gente de lo romántico, es volverse a ratos demasiado básico o facilón.

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A su favor debo decir que, aunque sí he disfrutado películas como El diario de Noah o Un paseo para recordar, lo cierto es que pueden hacerse largas, un pelín tediosas, te puede dar un ataque de bostezos fácilmente si estás cansado. Eso puede pasar viendo a Sparks. Pero no leyéndole. Como suele pasar, el material original se sostiene mejor en manos de su autor. En ningún momento me he aburrido leyendo el libro, de hecho me lo he merendado en tacadas de cuarenta páginas. En parte porque está bien escrito y en parte porque quería acabarlo, es verdad; pero no hubiera leído así de rápido si no me hubiese interesado la historia que narra, y los personajes que dibuja.
Algo más que quiero añadir, es que el libro no me ha hecho llorar ni me ha tocado la fibra especialmente. Dato que en este caso sí me parece relevante destacar. Aunque no tiene por qué ser necesariamente un defecto; de hecho seguramente en las películas te clavan más adentro el puñal (con música y lágrimas a lo Meryl Streep), y en este libro parece trabajarse más la melancolía, y la dosis inevitable de tragedia personal que el autor nunca deja fuera de sus historias.

Me queda la duda de si su prosa me ha interesado como para volver a leer algo suyo. Probablemente sí, como algo ligero con lo que compensar lecturas más densas y cabronas. Sparks, aun siendo muy aficionado al drama, por comparación con otros es un osito de peluche. Como sea, también es un escritor respetable, y sobre todo exitoso. Seguro que en muchos artículos han puesto a parir su obra, pero probablemente sea tan necesaria como desengrasante como otras para enmierdarte.

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El bueno de Nicholas
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