La mancha humana

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Otra no vez puedo evitar preguntarme qué reacción hubiera tenido la gente a una obra como esta, publicada en el 2000, si se hubiese publicado ahora.
Una obra que, entre otras cosas, reflexiona sobre la increíble estupidez y mezquindad que alberga una sociedad que se vuelca a la corrección política. Con tendencia a radicalizarse en el peor sentido posible (si es que hay uno bueno), con tendencia a dar por buena la elección de los culpables desde el momento en que se los señala.
Con tendencia a catalogar de homófobo, racista, fascista, comunista, terrorista, machista, o un largo etcétera, a cualquier pobre idiota al que se le ocurra soltar una ocurrencia, contar un mal chiste, hacer un gag cutre o llevar a cabo cualquier otro tipo de ficción más o menos gamberra.
Esta sociedad que está cada día hablando de lo absolutamente tontos que son los niños, por el medio de asegurar que se pueden volver acosadores si ven ‘Cincuenta sombras de Grey’, o unas tetas.
Esta sociedad que ya está confundiendo a todas horas abstracción con propaganda, ficción con política.
Han pasado diecisiete años desde la publicación de ‘La mancha humana’, lo que convierte a Roth en un visionario de la materia. Él habla de un país y un momento concretos, pero eso se ha extendido como una mancha de aceite, está ya por todas partes.
La generalización, ese ánimo de mucha gente por parecer buenos, tan buenos que o bien no abren la boca o bien lo hacen para ofenderse, para alertar sobre los peligros que nos acechan, que acechan a «nuestro hijos». Esa gente que –como aquel personaje de Los Simpson– no para de decir de un modo u otro: “¿Es que nadie va a pensar en los niños?, cuando sólo piensan en sí mismos.
Esa gente que, a base de insistencia, a base de volverse monotemáticos, algunos incluso volviéndose vendedores de libros temáticos y “activistas” digitales, consiguen más BANALIZAR los problemas –terribles problemas sociales– que ayudar a solucionarlos. Problemas ya apuntados, como la mala educación, el machismo, la homofobia y muchos otros. Terribles problemas, que mucha gente está usando, conformando a través de ellos identidades propias FALSAS, para proyectarse como ciudadanos analíticos y “de bien”.

Esa gente que, si te descuidas, al menor malentendido, puede destruir tu vida, tu mucha o poca reputación, con una demostración absolutamente salvaje de egoísmo e interés aún no catalogada.

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La novela, por otro lado, es cualquier cosa menos torpe, y tampoco fabrica bandos, ni narra con generalizaciones o lemas, ni dando por hecho que cualquier ser concienciado es sospechoso por defecto. Pero sí señala esa terrible certeza, la de que no todos los militantes para las buenas causas, son desinteresados. Claro que no todos lo son, el ser humano es capaz de cosas muchos peores. Pero la sensación que da, es que mucha gente no entiende lo real y nocivo que es eso. Lo increíblemente torpe y dañino que es ir por ahí catalogando a los demás a la más mínima, reduciéndolos a etiquetas odiosas, en muchos casos sin merecerlas; pero reduciéndolos, y olvidando que todos podemos ser culpables de ignorancia a veces en mayor o menor grado, pero no necesariamente de maldad o mala intención. Todos podemos ser malos creadores, malos humoristas, tener mal gusto a veces. Y eso no quiere decir que nadie esté intentando fomentar nada, y mucho menos que lo consiga.
Muchos nos sentamos a ver burradas en la tele desde muy críos, y JAMÁS mezclamos lo que pasaba en la pantalla con la realidad. SIEMPRE fuimos conscientes de lo que era ficción y lo que no.
Entre otras muchas cosas.

El personaje central de la novela, es profesor universitario, catedrático. Un día, ante la ausencia permanente de dos alumnos a los que él jamás ha visto en su clase, ni los conoce, ni sabe cómo son, dice lo siguiente:
“–¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han hecho negro humo?”
Una persona de gran reputación que ha reflotado la universidad en la que trabaja, entre muchas otras cosas, dice eso, sin saber que los alumnos eran negros, y a partir de ahí comienza un efecto dominó imparable de la ofensa. Incluso sus compañeros, a sabiendas de que él no tenía ninguna intención racista con ese comentario, se postulan en su contra. Nadie se atreve a defenderle
Esto se contextualiza, además, en el año del escándalo Clinton / Lewinski.
Esto, para mí, es lo más interesante. Cómo Roth no deja fuera de su discurso a nadie, ni a los conservadores ni a los supuestos progresistas e intelectuales.
La sociedad conservadora crucifica a Clinton, la comunidad universitaria, teóricamente moderna y abierta, acaba con la carrera (entre otras cosas, y muy graves) de Coleman Silk.

La mancha humana, tal y como yo lo veo, es una bomba para los tiempos que corren, en que no solo se ha asentado más que nunca una cultura de lo políticamente correcto, sino que además ya hay al menos una generación creciendo bajo su ala.
Vamos hacia delante y hacemos algunas cosas mejor, algunas para las que antes éramos más brutos. Pero eso no significa que la gente estúpida haya menguado en su porcentaje. Ellos siguen ahí, siguen malmetiendo, nos siguen confundiendo (o intentándolo). Siguen jodiendo, y están por todas partes, hay un porcentaje de ellos en TODOS los colectivos.

Philip Roth 2
El tito Roth
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2 comentarios en “La mancha humana

    1. No soy de expresiones fijas, aunque sí sé para qué las uso cuando las uso. Creo que vivimos en tiempos complicados, también semánticamente, la gente usa interesadamente el lenguaje. Lo que sé seguro, es que los colectivos que creen estar siempre en el lugar adecuado y con el razonamiento adecuado, también se equivocan, y no se libran de un porcentaje de militancia muy estúpido, y también muy ruidoso. Eso, como los villanos más obvios, también refrena el cambiar las cosas a mejor.

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