Fundación

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Cuando leo ciertos clásicos, siempre me cuesta volver a entender por qué la gente lee novedades.
No había leído nada de Asimov, existía para mí como un ruido de fondo (uno más). Sí había visto alguna adaptación al cine (que quede claro que eso NO cuenta, nunca). Conocía la saga Fundación, conocía Yo, robot, había oído recitar muchas veces sus leyes de la robótica, y, en resumen, se trataba para mí de uno de esos autores eternamente pendientes.
Lo he dicho más de una vez; si hay algo que me jode de la muerte, es todos los libros que conozco y me atraen que me quedarán por leer.
A su vez, una de las pocas cosas que, acompañadas de un mínimo criterio personal, siempre dan sumo placer (que no se deterioran, ni envejecen, ni se corrompen, etc.) mientras estás vivo, es la lectura.
De modo que como aún no he muerto, ya era hora de leer a Asimov.
Fundación, como ya he dejado caer, es una saga de varios libros. Pero este blog no tiene vocación de folleto informativo, de modo que no voy a hacer como que lo sé todo sobre ella. Este blog está para despertar la curiosidad, y además sólo he leído la primera novela.
Intentar suscitar curiosidad respecto a un libro tan laureado, tan respetado, y seguramente también tan rodeado de prejuicios y clichés, gilipolleces y teorías, es cualquier cosa menos fácil.

Debo decir que también tenía mi propio vago prejuicio sobre Asimov. No era un prejuicio negativo, siempre me ha despertado curiosidad, pero era prejuicio al fin y al cabo. Pensaba que su tono sería algo más ligero que el de otros autores de género (siempre me viene a la mente Arthur C. Clarke); esto no significa que no esperara algo sofisticado y brillante. Pero es cierto que hasta cierto punto esperaba algo bastante distinto a lo que me he encontrado.
Es sofisticado y es brillante, pero en absoluto ligero o facilón para el lector.
Este primer tomo de Fundación es muchas cosas (tantas que seguramente hay libros escritos sobre él y sus hermanos), pero lo que es también, es casi doscientas cincuenta páginas de lo que podríamos llamar Ciencia ficción política especulativa.

La sinopsis de base es delirante. Quiere abarcar tanto, que pensar en la sola idea de cómo demonios se las arregló el autor para enfocar esto, hace que me maree y me caiga redondo al suelo.
No quiero alargarme con ello, ni mucho menos destripar. Sólo algunos conceptos: Imperio Galáctico, millones de mundos habitados por humanos, un planeta llamado Trántor como centro neurálgico. Y un hombre (más bien una deidad), que a través de una ciencia llamada psicohistoria, vaticina una crisis del imperio a quinientos años vista, tras lo cual vendrían treinta mil años de anarquía, ETCÉTERA.

Queda claro que el autor tenía deberes que hacer. Es interesante hablar de su enfoque estructural, ya que es una forma de ubicar al lector, y avisarle de que aquí nadie ha intentado abarcar más de lo que podía.
Esto es así de chungo. Asimov no sólo plantea así el tablero de juego, sino que además sabe aterrizar todo eso, y servírtelo sin que el relato parezca precipitado, tramposo, o un galimatías imposible.
A un nivel superficial, se podría decir que funciona como un libro de intriga. Los tejemanejes de los personajes y cómo de centrados o perdidos están en semejante Universo, ya es razón de sobras para seguir la lectura con atención.
Pero obviamente la capacidad de evocación y pegada que tiene el libro, es mucho más que eso, es paralizante.
El autor mezcla literalmente ciencia, religión y política igual que un tipo te hace malabares antes de que se ponga el semáforo en verde.
Este primer libro está dividido en cinco segmentos. Lógicamente –y aun sin ser un tomo particularmente grueso–, hay espectaculares saltos temporales (y en el espacio, ya de paso), que permiten al autor avanzar con esta locura.

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Lo alucinante es que, aun dejando personajes atrás e iniciando subsiguientes capítulos con otros muy distintos, aun cambiando el entorno, aun quemando etapas como las quema, no tienes la sensación de que nadie se esté quitando faena de encima. El relato no se resiente. Sólo crece, se ramifica, se vuelve cada vez más complejo. Cada vez hay más variantes. Y sin embargo, siempre haces pie. Aunque en ciertos momentos puedas sentirte un poco a la zaga, enseguida te vuelves a ubicar.

Lo único frustrante en todo esto, es que uno quisiera tener un tomo que reuniese toda la saga, para devorarla y no tener que buscar los demás libros a cuenta gotas. Es algo que siempre me ha crispado un poco con la Fantasía y la Ciencia ficción, esa tendencia a fraccionar, a las largas esperas (que se lo digan a los lectores de George R. R. Martin…), a las sagas que aspiran a parecer enciclopedias en tu estantería.

Da igual. Sé que continuaré con Asimov (a no mucho tardar, supongo), pero con permiso del genio, ahora pasaré a otra cosa; siempre habrá tiempo (si no muero mañana…)

Respetad a Hari Seldon; él ya conocía nuestra crisis.

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