Orgullo y prejuicio

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Como cualquiera que haya leído algo más que la lista de la compra, conocía a Jane Austen.
De esa forma en que muchos han visto “pelis de Stephen King” pero no han abierto jamás un libro de Stephen King, yo había visto pelis de Jane Austen.
Como no creo en esa especie de doctrina popular basada en la culpabilidad, que parece decir que si no has hecho lo que sea antes de los treinta, ya no puedes hacerlo, he leído ‘Orgullo y prejuicio’.
No sólo lo he leído ahora, sino que estoy bastante seguro de que ahora era un buen momento. Mejor que a mis veinte, seguro.

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Adaptación al cine de Joe Wright (2005)

Era conocedor de la estética y las maneras, de los entornos y el modo de expresarse de los personajes. Lo que más me atraía de leer a Austen, era ver cómo el libro se dejaba abordar, si era particularmente denso o por el contrario más ligero de lo que cabría esperar.
No es ni una cosa ni otra. La edición de bolsillo tiene casi quinientas páginas; a razón de un buen rato de lectura diara, me ha llevado unas dos semanas.
Su narrativa se pone en pie y te alerta nada más comenzar, y esa sensación se estabiliza, y no te abandona hasta que el libro acaba.
No es como leer cualquier novedad, tienes que poner un punto más de atención. Esto no deja de ser cierta clase de literatura decimonónica.
Austen tenía apenas veinte años cuando escribió el libro, que publicó, parece ser, por cuenta propia.
Es impresionante sobre todo teniendo en cuenta la clase de bisturí emocional que maneja, y también hasta cierto punto la mala leche de algunos personajes, ya sea por cómo son o por cómo están retratados. No sería tonto pensar que Austen no se limitaba a ficcionar.
Un buen ejemplo de la acidez no tan comentada de Austen, es cómo se expresa el patriarca de la familia protagonista (algo no exclusivo de él), que no duda en decir en voz alta quiénes de sus hijas le gustan más, cuáles le parecen más tontas o listas, cuales más guapas o feas, y quiénes no tienen remedio (su mujer incluida).

Para la época que por defecto retrata, la desgracia de la familia Bennet es haber tenido nada menos que cinco niñas. Ningún varón. Lo cual resulta inconveniente para la linea de sucesión. Los bienes del patriarca no pueden ir cuando muera a su mujer o sus hijas, sino forzosamente a otro varón de la familia.
Por otro lado, la gran obsesión de la madre de las chicas, es encontrarles marido; lo cual creo es lo que todo el mundo conoce del universo ‘Orgullo y prejuicio’, y lo que da pie a Austen para levantar su catedral a la Psicología de personajes, y cómo se relacionan entre ellos.

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Serie de la BBC (1995)

La pareja que forman la icónica Elizabeth y el mítico señor Darcy, es un canto seminal de Austen a las complicaciones amorosas, y el aviso quizá más importante de la historia de la Literatura sobre lo poco fiables que son las primeras impresiones.
Aunque hay otros episodios muy interesantes (aquí no hay paja), todo parece estar ahí para contemporizar la relación central, que obviamente comienza presentándose como un imposible.

A medida que te sumerges en la lectura, cuando ya te has hecho a las formas y puedes avanzar sin necesidad de releer ciertos párrafos, te das cuenta de qué clase de magnetismo tiene lo que hace Austen. Austen, estando lejos de crear personalidades planas o arquetipos, es capaz de hacer que odies con todas tus fuerzas ciertos personajes, lo cual a la larga hace que también les cojas cierto cariño, porque están vivos. Los personajes más odiosos (puede que la madre de las chicas y el señor Collins, primo que ha de heredar la casa cuando el patriarca muera), funcionan como contrapeso y a la vez obstáculo para…
Y aquí es donde podría comenzar a teorizar y dar mis propias (e irrelevantes para el contexto) razones sobre por qué el relato va por donde va, o qué personajes son los realmente más importantes, profundos o relevantes.
Esta es otra cosa, y quizá la más llamativa de Austen, la capacidad para generar reflexión y debate, lo que la convierte probablemente en la precursora más importante de los clubs de lectura. (Y aquí que cada cual decida si eso ha sido algo bueno o malo…).

‘Orgullo y prejuicio’, pues, se puede leer con más de treinta años, se puede disfrutar, y hasta uno puede intentar sumarse a la legión de “austenitas” que lo han leído todo de la autora, y que no sueñan sólo con naves ardiendo más allá Orión, sino también con interminables prados verdes brillando a mediodía más allá de Longbourn.

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3 comentarios en “Orgullo y prejuicio

  1. Una reseña muy cuidada y elocuente. Vi la película y me gustó bastante, el bisturí emocional que maneja tal y como mencionas es un arma muy poderosa que no es fácil de manipular con acierto al hacer literatura. Eso es ya interesante. Me ha gustado mucho el tono con el que has manejado tu reseña del libro.

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