Demasiada felicidad

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Dada la libertad que me otorga el formato, y el no tener que dar explicaciones a nadie por lo que escriba en cada post, esta vez os presento, sin más introducción, una lista de las cosas en que me ha hecho pensar Demasiada felicidad, de Alice Munro.

–Hace dos o tres meses comencé a seguir a una youtuber. Habla de libros, sus vídeos son largos y jugosos, y su tono muy distinto al que se suele encontrar en lo que llaman “la comunidad booktuber”. Me gustó enseguida. Lo cierto es que no ha de costar diferenciarse en esa comunidad, pero eso no convierte en algo fácil el hablar a cámara y hacerlo con propiedad; y tampoco lo es conseguir cierto nivel de seguidores.

–Como digo, comencé a seguir su canal, también la seguí en Twitter (¿por qué no?), y hasta me pasaba de vez en cuando por su blog escrito, también literario.

–De vez en cuando dejaba caer su “militancia” en cuestiones de feminismo, hablaba de ciertos libros que le interesaban en base a eso, de autoras que le interesaban, y una vez hasta de alguien que leyó durante un año libros sólo escritos por mujeres. Un experimento, una especie de “limpieza de género”, para ver cómo eso se proyectaba en ella. Algo que –dejadme divagar un momento, no es gratuito– yo desde luego no haría. No porque no lea libros escritos por mujeres, sino porque leo los libros que me interesan, independientemente de qué género, condición sexual, nacionalidad o etc. sea quien lo ha escrito; y porque si intentara ese ejercicio que abarca nada menos que un año, eso iría en detrimento de las lecturas, porque lo acabaría viendo como una obligación. Etcétera.

–De modo que yo iba viendo su vídeo semanal, y también sus cosas por Twitter. Hasta que, un día, sin solución de continuidad, sin haber tenido ningún encontronazo dialéctico con ella, vi que me había bloqueado en dicha red social.
Dado que yo en ese momento solía recomendar su canal y compartir sus vídeos (cosa que no he dejado de hacer cuando uno me parece interesante), y aunque ella no tenía por qué saber eso, me pregunté por qué me había bloqueado. Había interaccionado en algún momento por Twitter, pero sin ningún problema, ni asediando de ningún modo, y un par de veces dejé un comentario en su blog escrito. Simplemente había comenzado a seguirla del modo que uno sigue a quien considera que sube buen contenido a Internet.

–Luego, cebando un poco la paranoia, imaginé que ella había entrado a mi timeline en Twitter, y quizá algunos de mis tuits la hicieran irse de cabeza a por el botón para bloquear. En Twitter no necesariamente soy literal, eso por un lado, y si soy crítico no hay ningún colectivo o entidad que considere sagrados, tampoco las personas que se autoconsideren feministas. No voy a alargarme con ello; simplemente no me gusta militar en nada; por decirlo rápido y mal, las militancias me parecen tan del pasado como el feminismo debería serlo del futuro. Peor o mejor, tengo mi propia forma de ver las cosas (espero que en constante evolución), y procuro aprender de todas las corrientes, intentando descartar los tics que considero paja o pura pose generacional.

–No lo voy a negar; que me bloqueara alguien que me caía genial, sin darme una sola oportunidad, ni tan siquiera para discrepar (e imagino que quemada por mucha idiotez generalizada en Twitter y Youtube), me pareció injusto; aunque, si lo piensas un poco, nada raro o excepcional, y desde luego nada tan importante como para escribir sobre ello; lo que es nada más que un motivo tan bueno como cualquier otro para hacerlo.

–Aquí os dejo su canal; ahí, si os mola, encontraréis también otros enlaces de lo que hace en la caja de descripción de cada vídeo.

–Ahora (vaya, no ahora, desde un tiempo), algo que considero relacionado con todo lo dicho (y “accidentes” similares anteriores), cuando leo un libro escrito por una mujer, soy más consciente cuando aborda de una forma u otra asuntos de género, o hasta qué punto habla de ello adrede, o simplemente el texto supura un feminismo natural, en el que la autora describe la acción desde una objetividad con la que a veces tomas conciencia de que no estabas familiarizado. Por decirlo así. Munro no saca ninguna bandera de género ni quiere sonar agresiva, se limita a ofrecer varias viñetas detalladas del mundo, un libro de relatos que no tienen la complacencia como ingrediente principal.

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–No es de extrañar que surja el nombre de Raymond Carver para dar una idea de su estilo narrativo, de su concepto literario. Sus cuentos no buscan completar un engranaje o dar giros con los que sorprender. Nada más lejos. La peripecia aquí suele ser lo de menos.

–Por supuesto –y volviendo a los temas de género–, hay un equilibro de presencia entre los personajes femeninos y los masculinos, y en ningún caso hay un juicio en el que nadie sea más que el otro.

–Todos los cuentos dejan poso, mucho, aunque decir que son tristes sería simplista; más bien parecen obstinados, con un estilo reposado y agradecido, con cierta idea sobre la tragedia, sobre cómo es el mundo. Podría decir un montón de chorradas con las que le quitarías las ganas de leer a cualquiera; ese rollo de los “retazos de vida” y otras expresiones del mismo catálogo. Ni tan siquiera la palabra Costumbrismo me gusta.

–A estas alturas debería haber quedado claro que no me van las etiquetas, ni cuando tiene sentido recurrir a ellas.

–Hay un par de cuentos que me parecen representativos del espíritu del libro. Uno se llama “Juego de niños”, y abarca varias décadas de la vida de dos mujeres, desde que de crías se conocieron en cierto campamento (desarrollar más sería incurrir en spoiler). Y el otro es el que da título al libro, y que se basa en la vida de la matemática rusa Sofia Kovalevski, la cual básicamente tuvo la papeleta de ser una mujer de ciencias en el siglo XIX.

–En cualquier caso, no esperéis ningún sentimentalismo fácil o una suerte de biografías más o menos encubiertas, afectadas y más tediosas que interesantes.

–Tampoco os voléis la cabeza con el dato de que Munro sea premio nobel de literatura. No esperéis ningún perfil concreto de escritora, ni un tono abstruso, académico o pomposo. Aislad a Munro de todo ese ruido, y pillad este o cualquier otro libro que haya escrito.

–No hagáis cosas feas.

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