Escupiré sobre vuestra tumba

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Así va a ser este blog. A veces se actualizará muy rápido, y otras muy lentamente. Hay libros que piden semanas, otros hasta meses. Sin embargo, hay otros con los que bastan cuatro o cinco días, y algunos se pueden leer de dos tacadas.
‘Escupiré sobre vuestra tumba’ tiene ciento cuarenta páginas.

Boris Vian para mí sólo era un nombre, como la mayoría de cosas; una etiqueta, un personaje, alguna clase de famoso muerto, puede que un académico. Pones a trabajar los prejuicios; suena francés, suena a música, puede que dramaturgo, puede que produjese cosas demasiado espesas o de Bellas Artes para que me interesaran. Boris Vian me sonaba a algo demasiado fino o antiguo para mi paladar pretendidamente moderno, “abierto” o afilado.
En realidad Vian fue muchas cosas; dramaturgo, sí, aunque también novelista, ingeniero, traductor, poeta, inventor… Vian era Demasiado para lo que el mundo quería (quiere) de las personas, demasiado poco sencillo, demasiado creativo, y demasiado insolente para la época. Y seguro que también para ESTA época, en la que a veces se cataloga como insolentes a personajes que ni siquiera sabrían cómo serlo, porque sólo son burdos o ignorantes.

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Quim Monzó, al que adoro, una vez dijo que adoraba a Boris Vian. Detalles como este son los que colocan dinamita en los muros que conforman mis prejuicios (y se me da tan bien tener prejuicios como a cualquiera…).

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‘Escupiré sobre vuestra tumba’ es insolente, quizá, porque supura una rabia que a la vez es radiografía de su momento (o de este), concretamente en torno al racismo, aunque también en torno al clasismo, a las sociedades bienpensantes, y a esa gente que habla como pretendiendo proyectar la idea de que ellos no cagan ni enferman.
De este modo, el personaje central, un negro cuyo tono de piel le permite hacerse pasar por blanco, no es alguien agradable, ni el prototipo de cristiano que pone la otra mejilla, ni el ciudadano que acata las reglas y se arrodilla. No, el protagonista de esta novela furiosa, traza un plan, porque unos blancos han matado a su hermano pequeño, simplemente por haberse enamorado de una niña blanca.

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Vian no desarrolla, obviamente, una trama de buenos y malos, sino de alguien que está al extremo de su aguante, enfrentado a un entorno cuya paz se basa en el odio, el racismo. Lee sabe que puede pasar por blanco, le basta con no sacar el tema. La solución del conflicto racial, como muchas otras, no está en manos de la decisión individual; ni tan siquiera es algo que pueda solucionar una generación entera. Es esa clase de cosas que, si se van puliendo, lo hacen con el tiempo, década a década, entre todos, a veces incluso siglo a siglo. Se mejora muy lentamente, y tú tienes que conformarte con aportar tu granito de cordura (algo nada fácil), y tragarte tu mala sangre si la injusticia echa la puerta de tu casa abajo.
Eso es justo lo que no hace Lee. Los blancos con los que comienza a frecuentar, a su vez, están perfectamente acomodados en su mundo de blancos. Da igual de qué posición social gocen; a todos les une lo mismo: el odio. Del mismo modo que, por ejemplo, a todos los hombres (incluido Lee) les une la misoginia. Vian no duda en describir momentos crudos de violencia o sexo (o ambos a la vez), mostrando la parte sucia y desoladora de los años 40 en Estados Unidos.
Esta novela no tiene las cualidades que algunas personas buscan al leer. Como quienes necesitan que algún personaje les caiga claramente bien (¿?), u otras exigencias del lector absurdo (está por todas pares, no le hagáis mucho caso).
Eso no evita que puedas empatizar en cierta manera con el protagonista, aunque no apruebes lo que hace precisamente. El modo en que este libro destila la furia del paisaje que detalla, es lo que lo transforma en algo tan magnético y atractivo, como tener el Mal entre las manos, sin ensuciártelas. La mierda sucede, como suelen decir, y Vian estaba dispuesto a describirla. A describir a la gente mala (más o menos toda), a describir una sociedad hipócrita y violenta, una sociedad que a pesar de todo creía estar en orden, y creía tener moral y a Dios. Como en todas las épocas, las injusticias están normalizadas gracias a las personas que se autoconsideran normales mientras contribuyen a ellas.
Por otro lado, no eres humano si nunca has fantaseado con hacer algo realmente malo. Con joder de verdad a quien te ha jodido.
Lee no fantasea.
Lee lleva a cabo una venganza. Ni tan siquiera personal. Una venganza racial, amplía su deseo de hacer daño, y lo enfoca en la dirección que le hace sentir mejor.
En el camino, encontrará niñas bien, fiestas desmadradas, orgías, prostitución infantil (una niña pelirroja y otra negra, cuyo chulo es una mujer mayor negra), encontrará placer súbito en la violencia, y nadará en las contradicciones que el mundo pone a su disposición.
Lee, de algún modo, parece dejar de fingir (o eso cree él) para encontrar y aceptar el núcleo de sexo y violencia que parece contenerlo todo; contenerlo en una fantasía de control que no es más que eso: Una Fantasía.

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Como siempre digo, da igual lo que yo diga aquí; para que esto funcione tenéis que leer el libro. Si sois de piel fina o lleváis demasiado integrado algún tipo de discurso moral (o de cualquier otro tipo), es posible que esto sólo os asquee un poco, o hasta lo rechacéis de plano. Por otro lado, si realmente queréis catar un libro valiente, honesto y despiadado, buscad esta obra, y no os preocupéis si sonreís con maldad en algún momento durante la lectura, sólo significa que sois humanos.

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Un comentario en “Escupiré sobre vuestra tumba

  1. Nos presentas la crítica de una obra que tiene tirón, todo el tirón del mundo por ser como dices, honesta, valiente y despiadada, personalmente, no creo que se pueda pedir más a tan sólo 140 páginas. Me gusta tu reseña, es tan humana…

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