La insoportable levedad del ser

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‘La insoportable levedad del ser’ es uno de esos títulos que no había leído que antes me hacían pensar en «Literatura». Uno de esos libros que con veinte años no hubiese leído, porque prefería buscar un tipo de emoción lectora que no tuviese nada que ver con algo de lo que se hablaba con música clásica de fondo, con algo que asociaba a gente mayor, educadores y demás fauna adulta que no tenía ni idea de cómo motivarme para que me abriera en modo alguno. Milan Kundera, que ni siquiera sabía yo muy bien si era hombre o mujer, me sonaba a Rollo Patatero; imaginaba un desglose de sentimientos baboso con el que me perdería y perdería las ganas de leer, al más puro estilo EGB.
Todo eso pensaba, más o menos, de ‘La insportable levedad del ser’.

De hecho, apostaría a que muchos chavales, al oír de este título, e incluso aunque les suene, pensarán algo bastante parecido.
Aún a mi edad en presente, superados ya de sobras los treinta, debo reconocer que el título me sigue echando para atrás; no ya la obra ni su autor con nombre molón de autor, pero sí el título, incluso aunque luego venga perfectamente justificado. Su título y sus cubiertas me siguen pareciendo algo con pretensiones de suntuosidad. Por suerte, ahora ya sé entender que un autor no puede echarse atrás con una idea porque suene suntuosa. El problema es mío, era mío.
Tampoco había leído nada más de Milan Kundera, y ahora puedo decir que he hecho muy bien en hacerlo. Si tienes veinte años y estás leyendo esto, ojalá hayas tomado nota.

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Éste es otro libro complicado para no reducirlo a sinopsis simples o un artículo reduccionista para salir del paso. Y además es un libro sobre –entre otras cosas, aunque esto es básico– relaciones sentimentales. Sobre cómo una persona puede gestionar o no gestionar su vida sentimental en determinado contexto social o hasta político. La grandeza reside en la habilidad de Kundera para crear roles humanos, personajes que no sólo no son como muchos en otras novelas, sino que además parecen ser más reales (o al menos más sinceros con sus actos) que algunas (muchas) personas de verdad. Todos sabemos que mucha gente está sujeta a un determinado sistema moral. En el “primer mundo” somos especialistas en sacar pecho. Cuestiones como la monogamia o la familia son el centro de todas las cosas, y todo lo demás suele quedar reducido a irresponsabilidades, equivocaciones y “mala praxis” ética en general. Pero en realidad, en esa periferia de lo que hemos considerado Valores Ideales a Sostener, es donde de verdad se encuentra la naturaleza del ser humano. No en la equivocación (¿qué es equivocarse realmente?), sino en las dudas, las crisis, la descompensación en las parejas, la naturaleza de cada cual, etcétera.
Kundera está tan seguro de controlar su material, que incluso narra de forma omnisciente saliéndose en ocasiones de la acción. No sólo hace eso, sino que además te recuerda que lo que estás leyendo es ficción, y que sus personajes no existen.
No es que haga eso para cubrirse las espaldas, sino que lo usa como apoyo para determinadas acciones y cómo se van a desarrollar en la novela.

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Ahora casi cualquier libro me hace pensar en lo mojigatos que somos en nuestro tiempo. Me hace pensar en cómo reaccionarían ciertas personas leyendo esto. Algo libre, desatado, desprejuiciado, un material que no juzga a sus personajes, sino que los muestra en toda su crudeza, con su interior a flor de piel y sus impulsos imposibles de frenar.
Me hace pensar en cómo reaccionarían ciertas personas leyendo esto, sí, y no precisamente los fascistas de toda la vida, sino cierta clase de nuevos “activistas” de las redes sociales, militantes; esas personas que van por ahí enseñando siempre la misma chapa o bandera, autodenominándose y cabreándose. Ellos, por cierto, tienen también su espacio en la novela.
Me gustaría que, si leeís el libro, os fijárais en el personaje de Sabina, y en su rechazo al llamado Kitsch. Ese modo de negar la mierda, esa forma en que ciertos círculos activistas o políticos cierran filas (supuestamente para cambiar el mundo), y luego no aceptan que nadie les inquiera, no aceptan preguntas, y obviamente no aceptan bromas como cualquier otro colectivo. Tampoco suelen aceptar de buen grado a los artistas, que obviamente trabajan con un material que –mejor o peor– no puede ser siempre suave y amable.
Sabina, por cierto, es pintora.
El kitsch es ya suficiente motivo para leer el libro, aunque si estás muy en la salsa de los activismos y las militancias, es posible que no te haga gracia, ya que si hay un colectivo que puede salir malparado en cierta manera, es ése.

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‘La insoportable levedad del ser’ parece hasta cierto punto un ejercicio de aceptación. Un ejercició de aceptación del ser humano. Pero no de sus miserias o manías, ya que no se contempla que no pueda tenerlas, sino de su atolondramiento e incapacidad para ser regular y no salirse de la raya. Es casi una celebración de eso, de eso que nos puede llevar dando tumbos de un lado a otro, con el corazón en la mano y cosas en la cabeza que jamás podremos entender del todo. Es un libro no para los que intentan reducir el mundo y señalar enemigos concretos, sino para los que saben intuir las bondades incluso de los más aparentemente estúpidos, y  su capacidad de hacer las cosas de otra manera. Es un libro, por cierto, que lanza también una duda terrible, y lo hace con una trama (una de ellas) que gira en torno a un perro, y el amor que se puede sentir por los animales versus el que sentimos por los humanos.

Una vez más, sólo espero que todo esto os haya despertado la curiosidad.

(Hay una peli por ahí, por cierto.)

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3 comentarios en “La insoportable levedad del ser

  1. ¡Despertada mi curiosidad!, soy de las que prejuzgó la obra por su título, hace mucho tiempo lo tuve en mis manos, en una librería y pensé que para más adelante, tal vez, ¿para cuando fuese adulta?… Apuntado queda, y no por que sea adulta, sino porque tu reseña ha barrido mis prejuicios.

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  2. A mí el título de este libro, por raro que resulte, siempre me ha tentado; me he hecho a la expectativa que es uno de esos que se salen de lo común y nada más que por curiosidad me lo he apuntado hace meses para la lectura. No me lo he leído por perezosa y porque lo tengo en la versión PDF y me fastidia leer libros enteros en digital, pero ya corro a hacer a un lado las excusas y a hacerle justicia. Muy buena reseña y muy bueno el blog, incitando al hábito de la lectura.
    ¡Abrazote! 😉
    Notas aparte: No sé por qué el nombre del autor siempre lo asocie a una mujer…

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