Petirrojo

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Jo Nesbø, según la solapa de mi edición de Petirrojo, fue una estrella del pop durante los 90 en Noruega, que luego se pasó a escribir. Pero si trasteas por youtube, parece ser que no ha dejado su faceta musical. No sé por qué, antes de investigar en Google, pensé que habría estado en alguna “boy band”. Me hacía ilusión que un escritor de novela negra consolidado hubiese formado parte de los Backstreet Boys noruegos…

Ahora parece estar de moda la novela de género nórdica. O por lo menos eso dicen los medios. ¿Pero, no son los medios los que crean y matan modas…? Ese tema siempre resulta confuso.
Ya os aviso: se escribe en todas partes, y todo el tiempo; hasta es posible que haya buenos escritores allá donde vayas. Hasta es muy probable que el 90% de esos buenos escritores no hayan publicado ni vayan a publicar jamás.
No había leído nada de Nesbø, que en realidad ya se ha hecho un hueco hace años en, parece ser, cualquier librería que se precie. Es muy fácil toparse con cubiertas de sus libros, lo que supongo le coloca muy descaradamente en la categoría de bestseller.
Yo soy un lector muy previsible para los fenómenos literarios. Si el autor está vivo, no sé nada de él, y vende libros a espuertas, tiendo a alejarme. Al menos de entrada.
Pero tengo un “talón de Aquiles”; uno que es capaz de desmontar todo mi cinismo con lo masivo con solo dos palabras:
Novela negra.
Aunque es cierto que he dado con algún ejemplar del género auténticamente lamentable, en general las novelas relacionadas con el crimen o lo violento –con lo retorcido en un sentido realista, por decirlo así– suelen atraparme y divertirme.
Dicho de otra forma, cuando el libro no pretende tirar de ambigüedad, abstracción o lanzarse a terrenos literarios más ambiciosos. Cuando el libro básicamente depende de una trama, de un mecanismo de relojería compuesto por preguntas que se han de responder en el propio texto, yo tiendo a elegir novela negra por encima de cualquier otra Etiqueta del catálogo.

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Petirrojo está lejos de ser un ejemplar lamentable de novela negra. Y es obvio que el autor no es uno de esos “escritores por accidente”. Se nota enseguida cuándo detrás de un libro hay algo más que dinero. No imagino qué debían esperar en su país de un cantante metido a escritor. Si la gente allí es como en España (que va a ser que no), desde luego muy bien no debieron tomárselo. No por nada; simplemente en España no nos gusta que las personas hagan cosas, en general; mucho menos que hagan cosas creativas o vocacionales y ganen dinero con eso. O que tengan éxito. Eso nos pone especialmente a parir.
Penélope, hija de…
Así somos.
Pero no parece que el paso de la música a la escritura le haya costado tanto al autor en este caso. Y me imagino que con su primera novela (El murciélago) ya debió cerrar unas cuantas bocas.
Petirrojo no solo funciona como libro típico de género (que al final es la gracia). Además también tenemos reminsicencias históricas, saltos temporales hasta la segunda guerra mundial, donde se nos dibujan personajes que luego tendrán su protagonismo al final del milenio.
El personaje central, eso sí, es Harry Hole (nuestro vínculo irrompible con lo detectivesco, y presente en otros libros del autor); inestable, alcohólico, bonachón, alcohólico, problemático, alcohólico, agresivo, etc. Las instituciones le van haciendo rebotar de un lado a otro, y en su papel de (esencialmente) “poli” o investigador, se va a ver envuelto en una red de neonazis, rencillas que llevan sesenta años operativas, y dirigentes del gobierno capaces de chantajear con dar y quitar custodias de menores para poder follar cuando quieran con determinada mujer.
El autor no se corta al complicarse hasta un nivel admirable en cuanto a la trama. Esto hace que, por momentos, tengas que detenerte un segundo a recordar quién es quién o quién hizo qué. Los personajes siempre tienen un poco menos de información que tú. Pero sólo un poco. Si no eres de esas personas indeseables (sí, indeseables) que intentan avanzarse a la trama (y menos mal que leer se lee solo…), si de verdad te sabes dejar llevar y entras al juego, Petirrojo es un puzzle de lo más jugoso y cabroncete. Tanto es así, que Nesbø exprime muy bien el medio: ni siquiera sería aconsejable poner cara en tu imaginación a todos los personajes. (Y para saber por qué digo esto, hay que leerlo…).

Creo que, como con toda novela que confíe casi todo su potencial a la trama, hay dos factores sumamente importantes a tener en cuenta, que seguramente son los que la elevan, o por el contrario la colocan en la montonera con los demás libros de tiros, romances o aventuras. Uno de esos factores es la narrativa, el estilo del autor; cómo nos van a narrar todo eso que tiene que pasar. La estética y la cadencia de la narración. El otro factor, igual o más importante, es el carisma de los personajes. Su profundidad, también; pero incluso diría que más el carisma.
Creo que Petirrojo tiene buenos personajes. Muchos y buenos, interesantes, orgánicos, imprevisibles. Vas a estar con ellos más de 500 páginas, pero puede que no te importara acompañarles otras cien.
En cuanto al estilo, Nesbø tiene que poner en pie tantísima trama y subtrama, que apenas parece tener espacio para, digamos, lucirse. Juega bien a estructurar la narración y servirla como mejor funciona, pero le queda margen para poco más que, por decirlo así, llamar a las cosas por su nombre, y hacer descripciones eficaces y sin mucha floritura o ironía en las formas.

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Para acabar, algo que me ha llamado la atención. Aunque el libro está dividido en diez partes, tiene la friolera de 118 capítulos… Poneos las gafas de las chicas del ‘Un, dos, tres…’ y haced vuestras cuentas. Eso en 555 páginas. No es que sea ningún gran problema, pero me ha extrañado un poco. Imagino que, teniendo en cuenta lo enrevesada que es la historia, y que no debía ser fácil dosificar la información, el autor apostó por la fragmentación sin dudar. Tanto para no complicarse él como para no petarle la cabeza al lector.
Esto, por otro lado, puede hacer que el lector más perezoso aparque el libro cada dos por tres, y el más voraz pueda llegar a crisparse un poco ante tanto punto y aparte narrativo.
Cada capítulo, además, viene con su localización y fecha, lo cual hace que muchas veces, al acabar uno y ver la fecha del siguiente, no estés seguro de si continúa donde el anterior o en cambio ha dado un salto hacia delante o hacia atrás. Con lo que, para asegurarte, revisas el título del capítulo anterior para estar seguro de hacer pie.
No comento esto necesariamente para destacarlo como defecto, sino más bien como curiosidad.
La novela funciona, y en su último tramo tiene unas cien páginas absolutamente magnéticas. Esa sensación que busca mucha gente al leer un libro, eso de no poder parar, pues eso pasa con Petirrojo, que lo sepáis.

Y si vais a Noruega, llevaos una rebeca.

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2 comentarios en “Petirrojo

  1. sofyakeer dijo:

    Independientemente de tu reseña sobre el libro, que como de costumbre no deja lugar a la indiferencia, hay algo que me gustaría resaltar, algo imprescindible en el arte de leer y que has sabido transmitir muy bien, algo que no es fácil llevar a cabo, el aprender a no encasillarse en un género o estilo, la apertura y la diversidad en nuestras lecturas nos puede dar sorpresas muy gratas, como por ejemplo, la que en este post describes.

    Le gusta a 1 persona

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